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Autonomía

Actualizado: 6 de abr de 2020


Mucha gente necesita un grado mayor o menor de autonomía al trabajar por sus finalidades. Su esfuerzo debe ser tomado por su propia iniciativa y debe estar bajo su propia dirección y control. Sin embargo mucha gente no tiene que ejercer esta iniciativa, dirección y control como personas individuales. Normalmente basta con actuar como miembro de un grupo pequeño. Así si media docena de personas discuten una finalidad y hacen un esfuerzo exitoso unidas para alcanzarla, su necesidad por el proceso de poder estará cumplida. Pero si trabajan bajo órdenes rígidas que no les dejan espacio para decisiones autónomas e iniciativa, entonces su necesidad por el proceso de poder no estará cumplida. Lo mismo ocurre cuando las decisiones están tomadas en bases colectivas, si el grupo que toma las decisiones es tan grande que el papel de cada persona es insignificante. Se puede argumentar que la mayoría de la gente no quiere tomar sus propias decisiones y quieren jefes para pensar por ellos. Hay un elemento de verdad en esto. La gente quiere tomar sus propias decisiones en pequeños asuntos, pero tomar decisiones en problemas difíciles y fundamentales requiere encararse con conflictos psicológicos, y la mayoría de la gente los odia. Por consiguiente tienden a apoyarse en otros para tomar decisiones difíciles. La mayoría de la gente son seguidores naturales, no jefes, pero quieren tener acceso directo y personal a sus jefes y participar en cierta extensión en la toma de decisiones difíciles. Pero les gusta que les impongan decisiones sin tener oportunidad de influir en ellas. Al menos a ese nivel necesitan autonomía.


Es cierto que algunas personas parecen tener poca necesidad de autonomía. Su impulso por el poder es débil o lo satisfacen identificándose con alguna organización poderosa a la cual pertenecen. Y entonces hay irreflexivos, tipos de animal que parecen estar satisfechos con un sentido puramente físico de poder (el buen soldado de combate, que obtiene su sentido de poder desarrollando habilidades de lucha que está bastante contento de usar en obediencia ciega a sus superiores).


Pero la mayoría de la gente pasa a través del proceso de poder teniendo una finalidad, haciendo un esfuerzo AUTÓNOMO y alcanzándola adquiere esa autoestima, autoconfianza y un sentido de poder. Cuando uno no tiene oportunidades adecuadas para pasar a través del proceso de poder, las consecuencias son (dependiendo de la persona y de la manera en que el proceso de poder se ha desorganizado) aburrimiento, desmoralización, baja autoestima, sentimientos de inferioridad, derrotismo, depresión, ansiedad, culpabilidad, frustración, hostilidad, abuso del cónyuge y de niños, hedonismo insaciable, conducta sexual anormal, desórdenes del sueño, desórdenes alimenticios, etc. Algunos de los síntomas enumerados son similares a aquellos que muestran los animales en cautividad. Para explicar como surgen estos síntomas de la privación respecto al proceso de poder: el sentido común del entendimiento de la naturaleza humana le dice a uno que la falta de finalidades cuyo logro requieren esfuerzo conduce al aburrimiento y este, continuado largamente, a menudo lleva a la frustración y a la depresión. El fracaso a la hora de obtener finalidades conduce a la frustración y a bajar la autoestima. La frustración lleva al enfado, y este a la agresión, a menudo en la forma de abuso del cónyuge o de niños. Se ha demostrado que la frustración continuada comúnmente dirige a la depresión, y esta tiende a causar ansiedad, culpabilidad, desórdenes del sueño, desórdenes alimenticios y malos sentimientos sobre uno mismo. Aquellos que tienden a la depresión buscan el placer como un antídoto; en consecuencia recurriendo al hedonismo insaciable y al sexo excesivo, con perversiones queriendo significar y conseguir diversiones nuevas. El aburrimiento también tiende a causar excesiva búsqueda del placer ya que, a falta de otras, la gente usa con frecuencia éste como una finalidad.

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