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La raza humana en una encrucijada


Actualmente, el sistema está ocupado en una lucha desesperada para superar ciertos problemas que amenazan su supervivencia, entre los cuales los más importantes son los del comportamiento humano. Si prospera en adquirir el control suficiente sobre éste lo bastante deprisa, probablemente sobrevivirá. De otra manera fracasará.


Supongamos que el sistema sobrevive a la crisis de las próximas décadas. Para entonces tiene que tener resuelto, o al menos sometido a control, los principales problemas a los que se enfrenta, en particular aquel de la «socialización» de los seres humanos; esto es, hacer a la gente lo suficientemente dócil como para que su comportamiento no lo amenace por más tiempo. Llevándose eso a cabo, no parece que habría ningún nuevo obstáculo al desarrollo de la tecnología, y presumiblemente avanzaría hacia su conclusión lógica, que es el control total sobre todo en la Tierra, incluyendo seres humanos y el resto de organismos importantes. El sistema se puede convertir en una organización unitaria y monolítica, o puede estar más o menos fragmentado y constituir un número de organizaciones que coexistan en una relación que incluya elementos tanto de cooperación como de competición, exactamente como ocurre hoy con el gobierno, las corporaciones y otras grandes organizaciones que tanto cooperan como compiten las unas con las otras. Casi toda la libertad humana habrá desaparecido, porque los individuos y los grupos pequeños serán impotentes respecto de las grandes organizaciones armadas con supertecnología y un arsenal de herramientas psicológicas y biológicas avanzadas para manipular a los seres humanos, además de instrumentos de vigilancia y coacción física. Sólo un pequeño número de gente tendrá algún poder real y probablemente incluso estos tendrán una libertad muy limitada, porque su comportamiento también será regulado; exactamente como ocurre hoy con nuestros políticos y ejecutivos de corporaciones que pueden mantener sus posiciones de poder sólo en tanto que su comportamiento permanezca dentro de ciertos límites bastante estrechos.


No imagines que el sistema parará de desarrollar nuevas técnicas para controlar a los seres humanos y a la naturaleza una vez halla terminado la crisis de las próximas décadas y el incremento del control no sea necesario por más tiempo para su supervivencia. Al contrario, una vez hallan terminado los tiempos duros, el sistema incrementará el control más rápidamente, porque no le estorbarán las dificultades del tipo que ha experimentado actualmente. La supervivencia no es el motivo principal del control. Los técnicos y los científicos continúan con su trabajo en gran parte como una actividad sustitutoria, satisfacen su necesidad de poder resolviendo problemas técnicos. Continuarán haciendo esto con entusiasmo inmoderado y entre los problemas más interesantes y desafiantes de resolver para ellos serán aquellos del entendimiento del cuerpo y la mente humana e intervenir en su desarrollo. Por «el bien de la humanidad», por supuesto.


Pero supongamos, por otra parte, que la tensión de las décadas venideras pueda ser demasiado para el sistema. Si se colapsa puede haber un periodo de caos, un «tiempo de problemas» tales como aquellos que la historia ha experimentado en varias épocas en el pasado. Es imposible predecir que surgirá de ese tiempo de problemas, pero, sea como sea, a la raza humana se le dará una nueva oportunidad. El mayor peligro es que la sociedad industrial pueda empezar a reconstituirse por sí misma dentro de los primeros años después del colapso. Desde luego habrá mucha gente (especialmente del tipo hambrientos de poder) que estará ansiosa por volver a poner en marcha las fábricas.


El sistema ya ha causado, y continuará causando, un sufrimiento intenso en todo el mundo. Las culturas antiguas que dieron a la gente unas relaciones interpersonales y con su medio satisfactorias durante cientos o miles de años, han sido hechas pedazos por el contacto con la sociedad industrial- tecnológica, y el resultado ha sido un catálogo entero de problemas económicos, ambientales, sociales y psicológicos. Uno de los efectos de la intrusión de la sociedad industrial- tecnológica ha sido que muchos de los controles tradicionales de la población en el mundo se han desequilibrado, provocando la explosión demográfica, con todo lo que implica. Además, hay un sufrimiento psicológico que está extendido por todos los supuestamente afortunados países de occidente . Nadie sabe lo que pasará como resultado de la reducción del ozono, del efecto invernadero y de otros problemas ambientales que todavía no se pueden prever. Y, como la proliferación nuclear enseñó, la nueva tecnología no puede mantenerse fuera de las manos de dictadores y de las naciones irresponsables del tercer mundo. Te gustaría especular sobre lo que Iraq o Korea del Norte harán con la ingeniería genética.


«¡Oh!» dicen los tecnófilos, «¡la ciencia va ha arreglar todo eso! ¡Venceremos el hambre, eliminaremos el sufrimiento psicológico, haremos a todo el mundo saludable y feliz!» Sí, seguro. Eso es lo que dijeron hace 200 años. Se supone que la Revolución Industrial iba a eliminar la pobreza, hacer a todo el mundo feliz, etc. El resultado actual ha sido completamente diferente. Los tecnófilos son desesperadamente ingenuos (o se engañan a sí mismos) en su comprensión de los problemas sociales. No se dan cuenta (o eligen ignorar) el hecho de que cuando se introducen grandes cambios, incluso los aparentemente beneficiosos, en una sociedad, llevan a una larga secuencia de otros cambios, muchos de los cuales son imposibles de predecir. El resultado es el colapso de la sociedad. Por lo que es muy probable que, en sus intentos por acabar con la pobreza y la enferme-dad, el ingeniero dócil, las personalidades contentas y todo eso, los tecnófilos crearán sistemas sociales que son terriblemente agitados, incluso más que el presente. Por ejemplo, los científicos presumen de que acabarán con el hambre creando nuevas plantas alimenticias genéticamente. Pero esto permitirá a la población humana continuar expandiéndose indefinidamente, y es bien sabido que el hacinamiento conduce a incrementar la tensión y la agresión. Esto es meramente un ejemplo de los problemas PREDECIBLES que se presentarán. Enfatizamos que, como ha mostrado la experiencia pasada, el progreso técnico conducirá a otros nuevos problemas que NO pueden predecirse por anticipado . De hecho, después de la Revolución Industrial, la tecnología ha estado creando nuevos problemas a la sociedad más rápidamente de lo que ha estado resolviendo los viejos. Así llevará a los tecnófilos un periodo largo y difícil de ensayo y error el resolver los microbios de su Mundo Feliz (si alguna vez lo consiguen). En el tiempo intermedio habrá un gran sufrimiento. Por lo que no está claro que la supervivencia de la sociedad industrial-tecnológica implicará menos sufrimiento que su colapso. La tecnología tiene a la raza humana en un aprieto del cual no es probable que haya ninguna salida fácil.


Pero supongamos ahora que la sociedad industrial-tecnológica sobrevive las próximas décadas y que los microbios a la larga salen del sistema, por lo que funciona suavemente. ¿Qué clase de sistema será? Consideremos algunas posibilidades.


Primero permítenos postular que los científicos de ordenadores son afortunados desarrollando máquinas inteligentes que pueden hacer todo mejor que los seres humanos. En ese caso presumiblemente todo el trabajo lo harán enormes sistemas de máquinas altamente organizadas y no será necesario ningún esfuerzo humano. Cualquiera de los dos casos puede ocurrir. Se puede permitir a las máquinas que tomen sus propias decisiones sin supervisión humana o se puede retener el control humano de las máquinas.


Si se permite a las máquinas tomar sus propias decisiones no podemos hacer ninguna conjetura hasta los resultados, porque es imposible adivinar como se comportarán. Sólo señalamos que la suerte de la raza humana estará a su merced. Se puede argumentar que nunca será tan estúpida como para entregar todo el poder a las máquinas. Pero no estamos sugiriendo que la raza humana voluntariamente transfiera el poder a las máquinas ni que estas se apoderen de él deliberadamente. Lo que sugerimos es que fácilmente se permita derivar a una posición de tal dependencia que no tendría elección práctica sino aceptar todas sus decisiones. Como la sociedad y los problemas con que se enfrenta se vuelven más y más complejos y las máquinas más y más inteligentes, la gente dejará que tomen cada vez más decisiones por ellos, simplemente porque éstas conducirán a mejores resultados que las hechas por los seres humanos. A la larga se puede alcanzar una etapa en que las decisiones necesarias para mantener el sistema en marcha serán tan complejas que los seres humanos serán incapaces de tomarlas inteligentemente. En esa etapa las máquinas poseerán el control efectivo. La gente no podrá simplemente apagarlas, porque tendrán tal dependencia que desenchufarlas equivaldría al suicidio.


Por otra parte es posible que se conserve el control humano sobre las máquinas. En ese caso el hombre medio puede tener control sobre ciertas máquinas propias, tales como su coche o su ordenador personal, pero el control sobre grandes sistemas de máquinas estará en las manos de una minúscula élite de poder simplemente como es hoy, pero con dos diferencias. Debido a la mejora de las técnicas la élite de poder tendrá mayor control sobre las masas y, como no será necesario por más tiempo el trabajo humano, las masas serán superfluas, una carga inútil en el sistema. Si la élite es despiadada, simplemente decidirán exterminarlas. Si son humanos, pueden usar propaganda u otras técnicas psicológicas o biológicas para reducir la tasa de nacimiento hasta que se extingan, dejando el mundo a la élite de poder. O, si ésta consiste en liberales bondadosos, pueden decidir desempeñar el papel de buenos pastores del resto de la humanidad. Para esto, se encargarán de que todo el mundo satisfaga sus necesidades físicas, que todos los niños se críen bajo condiciones psicológicamente higiénicas, que todo el mundo tenga una afición sana para mantenerlo ocupado y que cualquiera que pueda estar insatisfecho reciba un «tratamiento» para curar su «problema». Por supuesto, la vida estará tan vacía de sentido que la gente tendrá que estar diseñada biológica o psicológicamente, ya sea para extirpar su necesidad por el proceso de poder o para hacerlos «sublimar» su impulso por el poder en una afición inofensiva. Estos seres humanos diseñados pueden ser felices en tal sociedad, pero desde luego la mayoría no serán libres. Habrán sido reducidos a la categoría de animales domésticos.


Pero supongamos ahora que los científicos de ordenadores no son afortunados desarrollando la inteligencia artificial, por lo que el trabajo humano seguirá siendo necesario. Aún así, las máquinas cuidarán de cada vez más tareas simples por lo que habrá un excedente de trabajadores humanos en los niveles más bajos de habilidad. (Vemos que esto ya está pasando. Hay bastante gente que encuentra difícil o imposible encontrar un trabajo, porque por razones intelectuales o psicológicas no pueden adquirir el nivel de entrenamiento necesario para hacerse útiles en el presente sistema). Para aquellos que están empleados las exigencias irán siempre en aumento: necesitarán más y más entrenamiento, más y más habilidad, y tendrán que ser incluso más fieles, conformistas y dóciles, porque serán cada vez más como células de un organismo gigante. Sus tareas serán cada vez más especializadas, por lo que su trabajo estará, en un sentido, fuera de contacto con el mundo real, estando concentrados en una minúscula porción de realidad. El sistema tendrá que usar cualquier medio que pueda, sea psicológico o biológico, para diseñar a la gente para ser dócil, para tener las habilidades que requiera el sistema y «sublimar» su impulso por el poder en alguna tarea especializada. Pero la afirmación de que la gente de tal sociedad tendrá que ser dócil puede requerir reservas. Esta puede encontrar útil la competitividad, siempre que se encuentren maneras de dirigirla dentro de canales que sirvan a las necesidades del sistema. Imaginamos una sociedad futura en la que hay una competición inacabable por la posición de prestigio y poder. Pero muy poca gente alcanzará la cima, donde está el verdadero poder. Una sociedad en la cual una persona puede satisfacer su necesidad de poder sólo empujando a gran cantidad de otra gente fuera del camino y privándolos de su oportunidad por el poder es muy repugnante.


Uno puede imaginar escenarios que incorporen aspectos de más de una de las posibilidades que acabamos de tratar. Por ejemplo, puede ser que las máquinas se encarguen de la mayoría del trabajo que sea de importancia real y práctica, pero que se mantengan ocupados a los seres humanos dándoles trabajos relativamente triviales. Se ha sugerido, por ejemplo, que un gran desarrollo de las industrias de servicios puede dar trabajo a los seres humanos. Así, la gente pasaría su tiempo limpiándose los zapatos unos a otros, llevándose unos a otros en taxi, haciéndose artesanía, esperando en la mesa de otros, etc. Nos parece una manera profundamente despreciable de terminar, y dudamos que mucha gente encuentre su vida realizante en tal atareado trabajo sin sentido. Buscarán otras peligrosas salidas (drogas, crimen, «cultos», grupos de odio) a no ser que estén diseñados biológica o psicológicamente para adaptarse a semejante clase de vida.


Los escenarios arriba esbozados no agotan todas las posibilidades. Sólo indican la clase de resultados que nos parecen más probables. Pero podemos imaginar escenarios inverosímiles que son más aceptables que los que acabamos de describir. Es arrolladoramente probable que, si el sistema tecnológico-industrial sobrevive los próximos 40 a 100 años, habrá desarrollado para ese tiempo ciertas características generales: las personas (al menos aquellas del tipo «burgués», que están integradas en el sistema y lo hacen funcionar y quienes, por lo tanto, tienen todo el poder) serán más dependientes que nunca de las grandes organizaciones, estarán más «socializados» que nunca y sus cualidades físicas y mentales a una extensión significativa (posiblemente a una muy grande) serán aquellas diseñadas para ellos antes que el resultado del azar; y lo que quede de naturaleza salvaje será reducido a restos preservados para el estudio científico y mantenidos bajo la supervisión y dirección de estos (por lo tanto no será nunca más verdaderamente salvaje). A la larga (digamos a pocos siglos de ahora) es probable que ni la raza humana ni ninguno de los otros organismos importantes existan tal y como los conocemos hoy, porque una vez empiezas a modificar organismos a través de la ingeniería genética no hay razón para parar en ningún punto en particular, por lo que las modificaciones probablemente continuarán hasta que el hombre y otros organismos hallan sido transformados completamente con el trashumanismo.



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