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Las matrices radiantes de la luz solar

Actualizado: 7 mar

Artista: Jeffrey Smith

“El calor del sol calentó mi piel y se hundió en mis músculos y huesos. A medida que las ardientes pulsaciones de luz irradiaban de la estrella, armonicé mi respiración, toda mi existencia, con su ritmo, que me llevó a su horno de comprensión cósmica. Cuando no hubo diferenciación entre los límites de mi cuerpo-mente y las matrices radiantes de la luz solar, entré en su laberinto de cámaras cristalinas como lentes y regresé a aquello de donde vine. Apagado en este reencuentro, avancé más allá del Sol y encontré el contenedor de mi conciencia flotando sobre él en un silencio que era absoluto. Floté en un mar de potencialidad. No había ni el paso del tiempo ni la ausencia de su paso. Una pantalla estrellada ante mí, contemplé el cortejo de la creación entre el Sol y la Tierra. Fractales de oro líquido de energía geométrica formaron una transmisión incesante, árida e interminable de inteligencia de código de luz que pulsaba en ondas esféricas orgásmicas desde el Sol, generando la matriz fotónica de la creación, cascadas de datos primarios que se propagaban hacia el aura bioesférica de la Tierra. Un estremecimiento de energía en respuesta emanó de la Tierra, un abrazo receptivo similar a un huevo que integró el impulso de la semilla eléctrica de las atenciones del Sol, un útero del cual todas las transmisiones solares cosmológicas nacieron en el tiempo y el espacio. Esta comunión sagrada formó patrones de interferencia de geometrías que anidaron sin problemas, transformándose, dando a luz campos de manifestación cada vez más densos.


El mandato de la vida, entrando en la membrana bioesférica de la Tierra, descendió a la cristalización de la materia, traduciendo el impulso sutil de la luz como formas de vida que caminan, vuelan y nadan, vestidas con pieles, plumas y piel... árboles, flores y alas resplandecientes; Tierra interpretando el amor de su Sol como poesía viva de forma y sentimiento, color y sonido. En la proporción de esta relación simbiótica estaba la influencia periférica pero esencial de otros planetas a través de cuya presencia dentro de este sistema solar se codificó la simbiosis de la evolución. Fue entonces cuando sentí la discordancia. Me recordó cada respuesta negativa, pensamiento o sentimiento que alguna vez había experimentado dentro del alcance de mi vida como Humano. Sentí detrás de mí en las sombras del espacio, una transmisión; una influencia mutante retorcida. Su presencia invasiva impregnó la comunión sagrada que había presenciado, degradando el armónico tántrico resonante creado por las dos potencias de creación transmitidas y recibidas por la Tierra y el Sol a una frecuencia menor, interrumpiendo el orden sagrado de la embriogénesis evolutiva y, en cambio, dando a luz a un paradigma fetal deformado, creando un campo de frecuencia difractada alrededor del planeta en el que todas las unidades vivas de circuitos transmitieron colectivamente el consenso electromagnético de un reino mortal, un capullo de creencia en el que la inmortalidad latente de la Humanidad nunca encuentra sus alas, sino que muere una y otra vez. Comprendí que este impostor dentro de nuestro sistema solar ha traído la muerte a la Tierra, mostrando un solo rostro, manteniendo su lado oscuro en las sombras.


Su campo ultramagnético instiga la infraestructura dualista del conflicto que, en la memoria viva de la Humanidad, ha desgarrado el mundo. Estabiliza la mutación genética del anteproyecto divino de todas las formas de vida en la Tierra, perpetuando la desconexión del circuito central que permitiría la comunión recíproca de la vida con la Fuente de su Creación. Esta desconexión congénita ha generado un abismo espiritual devastador que se llenará con innumerables conceptos erróneos de Dios, creando un micelio de engaño profundamente arraigado en la psiquis humana. La transmisión de esta presencia sintética y despiadada nunca pierde el ritmo, sino que transmite su mensaje mutante implacablemente y sin remordimientos en la enfermedad, el sufrimiento y la muerte que ha catalizado desde que se colocó dentro de la órbita de la Tierra. Es el gran engañador en el cielo. Es nuestra luna. – Julieta J. Carter

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