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Origen de los problemas sociales

Actualizado: feb 21


No somos los primeros en mencionar que hoy el mundo parece estar volviéndose loco. Hay buenas razones para creer que el hombre primitivo sufría menos tensión y frustración y estaba más satisfecho con su forma de vida de lo que está el hombre moderno. Es cierto que en las sociedades primitivas no todo era un camino de rosas. El abuso a las mujeres era común entre los aborígenes australianos.


Entre las condiciones anormales presentes en la sociedad industrial-tecnológica moderna están la excesiva densidad de población, el aislamiento del hombre de la naturaleza, la excesiva rapidez del cambio social y el colapso de las comunidades naturales de pequeña escala tales como la familia prolongada, el pueblo o la tribu.


Es bien sabido que el hacinamiento incrementa la tensión y la agresión. El grado de hacinamiento que existe hoy y el aislamiento del hombre de la naturaleza son consecuencias del proceso tecnológico. Todas las sociedades preindustriales eran predominantemente rurales. La Revolución Industrial incrementó bastante las medidas de las ciudades y la proporción de los habitantes que en ellas vivían y la tecnología agrícola moderna ha hecho posible para la Tierra soportar una densidad de población mayor de la que nunca hubo antes. (Además, la tecnología ha agravado los efectos del hacinamiento porque pone poderes desorganizadores incrementados en las manos de la gente. Por ejemplo, una variedad de aparatos que hacen ruido: un segador potente, radios, motocicletas, etc. Si el uso de estos aparatos no está restringido, la gente que quiere paz y silencio está frustrada por el ruido. Si el uso está restringido, la gente que usa los aparatos está defraudada por las regulaciones. Pero si estas máquinas no hubieran sido inventadas nunca hubiera habido conflicto y frustración generado por ellas).


Para las sociedades primitivas el mundo natural (que normalmente cambiaba lentamente) proporcionaba un armazón estable y por eso una sensación de seguridad. En el mundo moderno es la sociedad humana la que domina la naturaleza al contrario que antes, y la sociedad moderna se transforma muy rápidamente debido al cambio tecnológico. Así que no hay un armazón estable.


Los conservadores se quejan de la decadencia de los valores tradicionales y sin embargo soportan con entusiasmo el progreso tecnológico y el crecimiento económico. Aparentemente nunca se les ha ocurrido que no puedes hacer cambios rápidos y drásticos en la tecnología y en la economía de la sociedad sin causar cambios rápidos en todos los otros aspectos de esta, y que esos cambios rápidos inevitablemente rompen los valores tradicionales.


La descomposición de los valores tradicionales a cierto alcance implica la descomposición de los huesos que sujetan juntos los grupos sociales de pequeña escala. La desintegración de estos grupos está también promovida por el hecho de que las condiciones modernas muchas veces requieren o seducen a las personas a moverse a una ubicación nueva, separándolas de sus comunidades. Más allá de eso, una sociedad tecnológica tiene que debilitar los lazos familiares y las comunidades locales si quiere funcionar eficazmente. En la sociedad moderna la fidelidad personal debe ser primero al sistema y sólo secundariamente a una comunidad de pequeña escala, porque si la fidelidad interna a las comunidades de pequeña escala fuera más fuerte que la fidelidad al sistema, estas comunidades perseguirían su propio provecho a expensas del sistema.


Supongamos que un funcionario público o un ejecutivo de una corporación nombra a su primo, a su mejor amigo o a su correligionario para una posición antes que nombrar a una persona mejor cualificada para el trabajo. Ha permitido que la fidelidad personal reemplace su fidelidad por el sistema, y eso es «nepotismo» o «discriminación», pecados terribles en la sociedad moderna. Será que las sociedades industriales han hecho un trabajo pobre de subordinación de la fidelidad personal o local a la fidelidad al sistema, ya que son normalmente muy ineficientes. Así una sociedad industrial avanzada sólo puede tolerar esas comunidades de pequeña escala que estén castradas, domesticadas y convertidas en herramientas del sistema. Una excepción parcial se puede hacer con unos pocos grupos cerrados y pasivos, tales como los Amish, los cuales tienen pocas consecuencias en la sociedad lejana. Aparte de estos, hoy en día existen en América algunas otras comunidades de pequeña escala genuinas. Por ejemplo, pandillas de jóvenes y «cultos». Todo el mundo los considera peligrosos, y lo son, porque los miembros de estos grupos primeramente son leales los unos a los otros antes que al sistema, por tanto éste no los puede controlar. O consideremos a los gitanos. Estos comúnmente escapan con el robo y el fraude porque sus lealtades son tales que siempre pueden conseguir otros gitanos para dar testimonio que «pruebe» su inocencia. Obviamente el sistema estaría en un serio problema si demasiada gente perteneciera a tales grupos. Algunos de los pensadores chinos de principios del siglo XX que estaban interesados en la modernización de China reconocieron la necesidad de acabar con los grupos sociales de pequeña escala tales como la familia: «(Según Sun Yat-sen) La gente china necesitaba una nueva oleada de patriotismo, la cual dejaría transferir la lealtad de la familia al Estado... (Según Li Huang) los apegos tradicionales, particularmente a la familia, tenían que ser abandonados, si el nacionalismo debía desarrollarse en China.»

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