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Sociedad tecnológicamente avanzada

Actualizado: 9 de abr de 2020

La Revolución Industrial-tecnológica y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en paises «avanzados», pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el tercer mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación. Ciertamente someterá a los seres humanos a grandes indignidades e infligirá gran daño en el mundo natural, probablemente conducirá a un gran colapso social y al sufrimiento psicológico, y puede que conduzca al incremento del sufrimiento físico incluso en paises «avanzados». El sistema tecnológico-industrial puede sobrevivir o puede fracasar. Si sobrevive, puede conseguir eventualmente un nivel bajo de sufrimiento físico y psicológico, pero sólo después de pasar a través de un periodo de ajuste largo y muy penoso y sólo con el coste permanente de reducir al ser humano y a otros muchos organismos vivos a productos de ingeniería y meros engranajes de la maquinaria social. Además, si el sistema sobrevive, las consecuencias serán inevitables: no hay modo de reformar o modificar el sistema así como prevenirlo de privar a la gente de libertad y autonomía. Si el sistema fracasa las consecuencias aún serán muy penosas. Pero cuanto más crezca el sistema más desastrosos serán los resultados de su fracaso, así que, si va a fracasar, será mejor que lo haga antes que después.


El hombre moderno está encadenado por la red de normas y regulaciones, y su condena depende de las acciones de personas remotas a ellos en cuyas decisiones no pueden influir. Esto no es accidental o, el resultado de las arbitrariedades de arrogantes burócratas. Es necesario e inevitable en cualquier sociedad tecnológicamente avanzada. El sistema con objeto de funcionar tiene que regular el comportamiento humano de cerca. En el trabajo, la gente tiene que hacer lo que le digan que haga, de otra manera la producción sería arrojada al caos. Las burocracias tiene que estar organizadas de acuerdo con reglas rígidas. El permitir algún ingenio personal sustancial a los burócratas de nivel bajo desorganizaría el sistema y llevaría a cargos de injusticia debido a las diferencias en la manera individual en que ejercerían su ingenio. Es verdad que algunas restricciones de nuestra libertad se podrían eliminar, pero hablando en general la regulación de nuestras vidas por parte de grandes organizaciones es necesaria para el funcionamiento de la sociedad tecnológico-industrial. El resultado es un sentimiento de impotencia por parte de la persona media. Puede sin embargo, que las regulaciones formales tiendan a ser reemplazadas por herramientas psicológicas que nos hagan querer hacer lo que el sistema requiera de nosotros (propaganda, técnicas educacionales, programas de «salud mental», etc.).


El sistema tiene que forzar a la gente a comportarse de maneras que son crecientemente remotas al modelo natural de comportamiento humano. Por ejemplo el sistema necesita científicos, matemáticos e ingenieros. No puede funcionar sin ellos. Se presiona mucho a los niños para sobresalir en estos campos. No es natural para un ser humano adolescente el consumir el grueso de su tiempo sentado en una mesa absorbido por el estudio. Un adolescente normal quiere pasar su tiempo en contacto activo con el mundo real. Entre la gente primitiva las cosas para lo que eran entrenados estaban en armonía con los impulsos humanos naturales. Entre los indios americanos, por ejemplo, los chicos eran entrenados en ejercicios activos al aire libre simplemente la clase de cosas que les gusta hacer. Pero en nuestra sociedad los niños son empujados a estudiar materias técnicas, que la mayoría hacen refunfuñando.


Debido a la constante presión que el sistema ejerce para modificar el comportamiento humano, hay un incremento gradual en el número de personas que no pueden o no podrán ajustarse a los requerimientos de la sociedad: sanguijuelas del bienestar, jóvenes miembros de bandas, cultistas, rebeldes antigubernamentales, saboteadores medioambientales radicales, imperfectos y resistentes de varias clases.


En cualquier sociedad tecnológicamente avanzada la suerte de las personas depende de decisiones que ellas no pueden influir personalmente en ninguna gran extensión. Una sociedad tecnológica no se puede romper en comunidades pequeñas y autónomas, porque la producción depende de la cooperación de un gran número de personas y máquinas. Dicha sociedad tiene que estar altamente organizada y las decisiones TIENEN que hacerse para afectar a un gran número de gente. Cuando una decisión, afecta digamos, a un millón de personas, entonces cada una de las personas tiene, como media, sólo una millonésima parte en tomar la decisión. Lo que normalmente pasa en la práctica es que la decisión es tomada por funcionarios públicos o ejecutivos de corporaciones, o por especialistas técnicos, pero cuando incluso el público vota una decisión el número de votantes ordinariamente es demasiado grande como para que el voto de cualquier persona resulte significativo. Encontramos defensores del sistema que citan casos en que las elecciones han sido decididas por uno o dos votos, pero tales casos son raros. Así muchas personas son incapaces de influenciar mesurablemente la decisión mayoritaria que afecta a sus vidas. No hay manera concebible de remediar esto en una sociedad tecnológicamente avanzada. El sistema trata de «solventar» este problema mediante el uso de propaganda para hacer a las personas crean que las decisiones han sido hechas para ellas, pero incluso si esta «solución» fuera completamente exitosa haciendo a la gente sentirse mejor, sería vejatoria.


Los conservadores y algunos otros abogan por una mayor «autonomía local». Una vez las comunidades locales tuvieron autonomía, pero fue cada vez menos posible porque se hicieron más complicadas y dependientes del sistema de gran escala como servicios públicos, redes de ordenadores, sistemas de autopistas, medios de comunicación de masas y el sistema de salud moderno. También opera en contra de la autonomía el hecho de que la tecnología aplicada en una localidad muchas veces afecte a gente de otras comunidades lejanas. Así los pesticidas o los productos químicos usados cerca de un riachuelo pueden contaminar los suministros de agua de cientos de millas río abajo, y el efecto invernadero afecta a todo el planeta.


El sistema no existe y no puede existir para satisfacer las necesidades humanas. En vez, es el comportamiento humano el que tiene que ser modificado para encajar en las necesidades del sistema. Esto no tiene nada que ver con la ideología política o social que pueda pretender guiar el sistema tecnológico. Es culpa de la tecnología, porque el sistema no está guiado por la ideología sino por las necesidades técnicas. «Hoy en día, en las regiones tecnológicamente avanzadas, el hombre lleva vidas muy similares a pesar de las diferencias geográficas, religiosas o políticas. Las vidas diarias de un oficinista cristiano de un banco en Chicago, un oficinista budista en un banco de Tokio, y uno comunista en Moscú son mucho más parecidas que la vida de cualquiera de ellos con un hombre que viviera hace mil años. Los parecidos son el resultado de una tecnología común... Las vidas de los tres oficinistas de banco no son idénticas. La ideología tiene algún efecto. Pero todas las sociedades tecnológicas, a fin de sobrevivir, tienen que evolucionar aproximadamente a lo largo de la misma trayectoria. Por supuesto el sistema satisface muchas necesidades humanas, pero hablando en general, hace esto sólo en la medida en que le beneficia el hacerlo. Son las necesidades del sistema las que son supremas, no las de los seres humanos. Por ejemplo, el sistema provee a la gente con comida porque no puede funcionar si todo el mundo está muerto de hambre; atenta contra las necesidades psicológicas de la gente siempre que pueda ser conveniente el hacerlo, porque no puede funcionar si demasiada gente se vuelve depresiva o rebelde. Pero el sistema por buenas razones, sólidas y prácticas, tiene que ejercer presión constante sobre la gente para moldear su comportamiento hacia sus necesidades. ¿Demasiada basura acumulada? El gobierno, los medios, el sistema educacional, los medioambientalistas, todo el mundo nos inunda con masas de propaganda sobre el reciclado. ¿Necesita más personal técnico? Un coro de voces exhorta a los chavales a que estudien ciencias. Nadie se para a preguntar si es inhumano el forzar a los adolescentes a consumir el grueso de su tiempo estudiando materias que la mayoría odian. Cuando echan de su trabajo a trabajadores especializados y son sustituidos por técnicos avanzados y tienen que sufrir «retenciones», nadie pregunta si es humillante para ellos el que los echen de esa manera. Se da por supuesto que todo el mundo tiene que reverenciar la necesidad técnica y por buenas razones: si las necesidades humanas fueran puestas antes que la necesidad técnica habría problemas económicos, paro, escaseces o peor aún. El concepto de «salud mental» en nuestra sociedad está largamente definido por el alcance del comportamiento de una persona esté de acuerdo con las necesidades del sistema y que lo haga sin mostrar signos de tensión.


Los esfuerzos por hacer sitio a un sentimiento de proyecto y autonomía en el interior del sistema no son mejor que una broma. Algunas compañías han intentado dar a sus empleados más autonomía en su trabajo, pero por razones prácticas esto normalmente sólo puede ser hecho en una extensión muy limitada y, en cualquier caso, a los empleados no se les da autonomía como para ultimar finalidades y sus esfuerzos «autónomos» no pueden ir nunca directamente detrás de finalidades que seleccionan personalmente, sino sólo detrás de las finalidades del jefe, tales como la supervivencia y el crecimiento de la compañía. Cualquier compañía pronto saldría de los negocios si permitiera actuar a sus empleados de otro modo. De igual manera, en cualquier empresa en el interior de un sistema socialista, los trabajadores tienen que dirigir sus esfuerzos detrás de las finalidades de la empresa, de otra manera ésta no servirá su propósito como parte del sistema. Una vez más, por razones puramente técnicas no es posible para muchas personas o grupos pequeños tener mucha autonomía en la sociedad industrial. Incluso el pequeño propietario de un negocio comúnmente sólo tiene una autonomía limitada. Aparte de la necesidad de las regulaciones del gobierno, está restringido por el hecho de que tiene que ajustarse dentro del sistema económico y someterse a sus requerimientos, por ejemplo cuando alguien desarrolla una nueva tecnología, la persona del pequeño negocio a menudo tiene que usarla tanto si quiere como si no, con objeto de seguir siendo competitivo.


Además, una razón de porque la sociedad industrial no puede reformarse en favor de la libertad es que la tecnología moderna es un sistema unificado en el cual todas las partes dependen las unas de las otras. No puedes deshacerte de las partes «malas» de la tecnología y conservar sólo las partes «buenas». Consideremos como ejemplo la medicina moderna. El progreso en la ciencia médica depende del progreso en química, física, biología, ciencia de ordenadores y otros campos. Los tratamientos médicos avanzados requieren equipamiento caro y de alta tecnología que sólo una sociedad avanzada tecnológicamente y económicamente rica lo puede hacer disponible. Claramente no puedes tener mucho progreso en medicina sin la totalidad del sistema tecnológico y todo lo que conlleva.


Incluso si el progreso médico se pudiera mantener sin el resto del sistema tecnológico, traería en sí ciertos males. Supongamos por ejemplo que se descubriera una cura para la diabetes. La gente con una tendencia genética a la diabetes serían capaces de sobrevivir y reproducirse tan bien como cualquier otro. La selección natural contra los genes de la diabetes pararía y se dispersarían por la población. (Esto puede estar ocurriendo ya a cierta extensión, desde que la diabetes, si bien no es curable, puede ser controlada mediante el uso de insulina). Lo mismo ocurrirá con muchas otras enfermedades, a cuya sensibilidad es afectada por la degradación genética de la población. La única solución sería alguna clase de programa de *eugenesia o de ingeniería genética extensiva de seres humanos, por lo que el hombre en el futuro no sería por más tiempo una creación de la naturaleza, o de la casualidad, sino un producto manufacturado.


Si piensas que un gran gobierno interfiere ahora demasiado en tu vida, simplemente espera hasta que empiece a regular la constitución genética de tus hijos. Tal regulación inevitablemente irá seguida de la introducción de ingeniería genética de seres humanos, porque las consecuencias de una ingeniería genética no regulada serían desastrosas. Simplemente piensa que un ingeniero genético irresponsable podría crear muchos terroristas.


La respuesta habitual a tales asuntos es hablar de una «ética médica». Pero un código ético no serviría para proteger la libertad en el aspecto del progreso médico; sólo empeoraría el problema. Un código ético aplicable a la ingeniería genética tendría como resultado un intento de regulación de la constitución genética de los seres humanos. Alguien (probablemente la clase alta y media, mayoritariamente), decidiría que tales o cuales aplicaciones serían «éticas» y otras no por lo que en consecuencia, estarían imponiendo sus propios valores en la constitución genética de la población en libertad. Incluso si un código ético fuera elegido en bases completamente democráticas, la mayoría estaría imponiendo sus propios valores a una minoría que podría tener una idea diferente de lo que constituye un uso ético de la ingeniería genética. El único código ético que verdaderamente protegería la libertad sería uno que prohibiera CUALQUIER ingeniería genética en seres humanos, y puedes estar seguro que tal código nunca será aplicado en una sociedad tecnológica. Ningún código que reduzca la ingeniería genética a un papel menor, podría mantenerse erguido por mucho tiempo, porque la tentación presentada el inmenso poder de la biotecnología sería irresistible, especialmente desde que a la mayoría de la gente y muchas de sus aplicaciones les parecerán obvia e inequívocamente buenas (eliminando enfermedades mentales y físicas, dando a la gente las habilidades que necesitan para prosperar en el mundo de hoy). Inevitablemente, la ingeniería genética será usada extensivamente pero sólo de manera consecuente con las necesidades del sistema tecnológico-industrial. Como ejemplo además de las consecuencias indeseables del progreso médico, supongamos que se descubre la cura para el cáncer: incluso si el tratamiento es demasiado caro como para ser asequible para alguien excepto para una élite, progresivamente reduciría la iniciativa de parar el escape de cancerígenos en el medio.


No es posible hacer un compromiso duradero entre tecnología y libertad, porque la tecnología es de lejos la fuerza social más poderosa e invade continuamente la libertad a través de compromisos REPETIDOS. Imagina el caso de dos vecinos, cada uno de los cuales al principio posee la misma cantidad de tierra, pero uno de ellos es más poderoso que el otro. El poderoso demanda un trozo de tierra del otro. El débil se niega. El poderoso dice, «Muy bien, lleguemos a un acuerdo. Dame la mitad de lo que te he pedido». El débil tiene poca alternativa sino es ceder. Algún tiempo después el vecino poderoso demanda otro trozo de tierra, otra vez hay un acuerdo, y así sucesivamente. Forzando a una larga serie de compromisos al hombre débil, el poderoso finalmente consigue toda su tierra. Así funciona el conflicto entre tecnología y libertad.


La tecnología es una fuerza social más poderosa que la aspiración de libertad.


Un avance tecnológico que parece no amenazar la libertad frecuentemente más tarde resulta amenazarla muy seriamente. Un paseante en un principio podía ir donde quisiera, ir a su propio paso sin observar ninguna regulación del tráfico, y era independiente de sistemas de soporte tecnológico. Cuando se introdujeron los vehículos a motor aparecieron para incrementar la libertad del hombre. No quitaron libertad al paseante, nadie tenía que tener un automóvil si no quería uno, y cualquiera que eligiera comprar uno no podía viajar mucho más rápido que el paseante. Pero la introducción del transporte motorizado pronto cambio la sociedad de tal manera como para restringir gravemente la libertad de locomoción del hombre. Cuando los automóviles fueron numerosos, fue necesario regular su uso extensivo. En un coche, especialmente en áreas densamente pobladas, uno simplemente no puede ir donde uno quiera a su propio paso; los movimientos de uno son gobernados por el fluir del tráfico y por diferentes normas. Uno está restringido por diferentes obligaciones: necesidad de permiso, examen de conducir, renovación del registro, contrato del seguro, mantenimiento requerido para la seguridad, pagos mensuales sobre precio firme. Además, el usar transporte motorizado no es en adelante opcional. Desde la introducción del transporte motorizado la distribución de nuestras ciudades ha cambiado de tal manera que la mayoría de la gente ya no vive dentro de una distancia de su lugar de trabajo, de las áreas de compra y de las oportunidades de recreo que puede hacer andando, por lo que TIENE que depender del automóvil para transportarse. Si no, tiene que usar el transporte público, en tal caso tiene menos control incluso de su propio movimiento que conduciendo un coche. Incluso la libertad del paseante está ampliamente restringida. En la ciudad se tiene que parar continuamente y esperar en los semáforos, que están diseñados principalmente para servir al tráfico.


Mientras el progreso tecnológico como totalidad continuamente estrecha nuestra esfera de libertad, cada nuevo avance técnico considerado en sí mismo parece deseable. Electricidad, fontanería interior, comunicaciones rápidas de larga distancia... ¿cómo alguien podría argumentar contra cualquiera de estas cosas, o contra cualquier otro de los innumerables avances técnicos que ha hecho la sociedad moderna? Hubiera sido absurdo resistir la introducción del teléfono, por ejemplo. Ofrece muchas ventajas y ninguna desventaja. Sin embargo todos estos avances técnicos tomados juntos han creado un mundo en el cual la suerte del hombre medio ya no está en sus propias manos o en la de sus vecinos y amigos, sino en la de los políticos, ejecutivos de corporaciones y remotos y anónimos técnicos y burócratas en los que como individuo no tiene poder para influir. Puesto que alguna gente puede encontrar paradójica la noción de que un gran número de cosas buenas se pueden sumar para dar una mala. El sistema hace la vida de una persona mucho más fácil de innumerables formas, pero haciéndolo priva a esta del control sobre su propia suerte. El mismo proceso continuará en el futuro. La ingeniería genética, por ejemplo. Poca gente se resistirá a la introducción de una técnica genética que elimine las enfermedades hereditarias. Aparentemente no daña y previene mucho sufrimiento. Así, un gran número de mejoras genéticas tomadas juntas hará de los seres humanos un producto de ingeniería antes que una libre creación del azar

Otra razón de porque la tecnología es una fuerza social poderosa es que, en el contexto de una sociedad dada, el progreso tecnológico camina en una sola dirección; nunca puede dar marcha atrás. Cuando se ha introducido una innovación técnica, la gente normalmente se vuelve dependiente de ella, a no ser que sea reemplazada por alguna innovación aún más avanzada. La gente no sólo se vuelve dependiente como individualidades de un nuevo producto tecnológico, sino, incluso en mayor grado, el sistema como conjunto se vuelve dependiente de él. (Imagina que le pasaría al sistema actual si los ordenadores, por ejemplo, fueran eliminados). Así el sistema se puede mover en una sola dirección, detrás de una mayor tecnologización. La tecnología fuerza repetidamente a la libertad a dar un paso atrás, pero la tecnología nunca puede dar un paso atrás ya que cae todo el sistema tecnológico.


La tecnología avanza con gran rapidez y amenaza la libertad en muchos puntos al mismo tiempo (hacinamiento, normas y regulaciones, incrementa la dependencia de las personas en grandes organizaciones, propaganda y otras técnicas psicológicas, ingeniería genética, invasión de la intimidad por medio de dispositivos de vigilancia y ordenadores, etc.) Aquéllos que quieren proteger la libertad están abrumados por el claro número de nuevos ataques y la rapidez con la que se desarrollan, en consecuencia, se vuelven apáticos y no resisten por más tiempo. El luchar contra cada una de las amenazas por separado sería inútil. Se puede esperar el éxito sólo luchando contra el sistema tecnológico como conjunto; pero esto es revolucionario, no reformista.


Los técnicos (usamos este término para describir a todos aquellos que realizan una tarea especializada que requiere entrenamiento) tienden a estar tan comprometidos con su trabajo (su actividad sustitutoria) que cuando surge un conflicto entre éste y la libertad, casi siempre deciden en favor de su trabajo técnico. Esto es obvio en el caso de los científicos, pero también aparece en otras partes: educadores, grupos humanitarios, organizaciones de conservación, no vacilan en usar propaganda u otras técnicas psicológicas para ayudarse a conseguir sus loables finalidades. Las corporaciones y las agencias gubernamentales, cuando lo encuentran provechoso, no vacilan en reunir información sobre personas sin respetar su intimidad. Las agencias de ejecución de las leyes están frecuentemente en dificultades con los derechos constitucionales de los sospechosos y frecuentemente de personas completamente inocentes, y hacen lo que legalmente puedan (o algunas veces ilegalmente) para restringir o burlar esos derechos. Muchos de estos educadores, funcionarios gubernamentales y oficiales de leyes creen en la libertad, en la intimidad y en los derechos constitucionales, pero cuando estos entran en conflicto con su trabajo, normalmente sienten que su trabajo es más importante.


Es bien sabido que generalmente la gente trabaja mejor y más persistentemente cuando lucha por un premio que cuando intenta evitar un castigo o un resultado negativo. Los científicos y otros técnicos están motivados principalmente por los premios que consiguen a través de su trabajo. Pero aquellos que se oponen a la invasión técnica de la libertad están trabajando para evitar un resultado negativo, consecuentemente son unos pocos los que trabajan persistentemente y bien en esta tarea desalentadora. Si alguna vez los reformistas realizan una victoria notable que parece levantar una barrera sólida contra futuras erosiones de la libertad a través del progreso técnico, muchos tenderán a relajarse y desviar su atención a empeños más agradables. Pero los científicos permanecerán atareados en sus laboratorios y la tecnología, como progresa, encontrará caminos, a pesar de cualquier barrera, para ejercer más y más control sobre las personas y hacerlas más dependientes del sistema.


Ningún acuerdo social, sean leyes, instituciones, costumbres o códigos éticos, puede proporcionar una protección permanente contra la tecnología. La historia enseña que todos los acuerdos sociales son transitorios; todos cambian o fracasan a la larga. Pero los avances tecnológicos son permanentes dentro del contexto de una civilización dada. Supongamos por ejemplo que si fuera posible llegar a algún acuerdo social que previniera que la ingeniería genética fuera aplicada a seres humanos, o prevenirlo de tal manera como para no amenazar la libertad y la dignidad. No obstante, la tecnología permanecerá esperando. Antes o después el acuerdo social fracasará. Probablemente antes, dando paso a la oportunidad en nuestra sociedad. Entonces la ingeniería genética empezará a invadir nuestra esfera de libertad, y esta invasión será irreversible (estando lejos de un fracaso de la civilización tecnológica en sí). Cualquier ilusión a cerca de conseguir algo permanente a través de acuerdos sociales debería disiparse por lo que actualmente está pasando con la legislación ambiental. Hace unos pocos años parecía que había barreras legales seguras previniendo al menos ALGUNOS de las peores formas de degradación ambiental. Un cambio en el viento político y esas barreras empiezan a derrumbarse.


Por todas las razones anteriores, la tecnología es una fuerza social más poderosa que la aspiración de libertad, pero esta declaración requiere una importante calificación. Parece que durante las próximas décadas el sistema tecnológico-industrial experimentará una severa cuota de tensión en problemas económicos y ambientales y, especialmente, en problemas de comportamiento humano (alienación, rebelión, hostilidad, una variedad de dificultades sociales y psicológicas). Esperamos que la tensión que el sistema probablemente atravesará le causará un colapso, o al menos lo debilitará lo suficiente como para que ocurra una revolución y tenga éxito. Entonces, en ese momento particular, la aspiración por la libertad se habrá mostrado más poderosa que la tecnología.


Usamos una analogía de un vecino débil dejado desvalido por un vecino fuerte que le quita toda su tierra forzándolo a una serie de compromisos. Pero supongamos ahora que el vecino fuerte cae enfermo, por lo que es incapaz de defenderse. El vecino débil puede forzar al fuerte a devolverle su tierra o lo puede matar. Si deja sobrevivir al hombre fuerte y sólo lo fuerza a devolverle su tierra, es un perdedor, porque cuando el hombre fuerte se recupere volverá a quedarse con toda la tierra para él. La única alternativa sensata para el hombre débil es matar al fuerte mientras tiene una oportunidad. De la misma manera, mientras el sistema industrial está enfermo debemos destruirlo. Si transigimos y le dejamos recuperarse de su enfermedad a la larga destruirá toda nuestra libertad.


Si alguien aún imagina que sería posible reformar el sistema de tal manera como para proteger la libertad de la tecnología. Entre otras cosas, el sistema ha fallado en parar la degradación ambiental, la corrupción política, el tráfico de drogas o el abuso doméstico.


Tomemos nuestros problemas ambientales, por ejemplo. Aquí el conflicto de valores es completo: Los intentos de resolver el problema ambiental consisten en luchas y compromisos entre diferentes facciones, alguna de las cuales ascienden en un momento, otras en otro momento. La línea de lucha cambia con la corriente actual de movimiento de la opinión del público. Éste no es un proceso racional, ni tampoco es apto para conducir a una solución conveniente y próspera al problema. Los principales problemas sociales, si alguna vez son «resueltos», raramente o nunca lo son a través de un plan racional y comprensible. Simplemente se resuelven por sí mismos a través de un proceso en el que varios grupos competidores persiguiendo sus propios intereses llegan (principalmente debido a la suerte).


Así queda claro que la raza humana tiene en el mejor de los casos una capacidad muy limitada para resolver incluso problemas sociales relativamente globales. ¿Entonces cómo va ha resolver el problema mucho más difícil y sutil de reconciliar libertad y tecnología? La tecnología presenta avances materiales bien delimitados, mientras que la libertad es una abstracción que significa cosas diferentes para gente diferente, y su pérdida es fácilmente confundida por la propaganda y la charla imaginativa.


Y nótese esta importante diferencia: es concebible que nuestros problemas ambientales (por ejemplo) puedan algún día estabilizarse a través de un plan comprensivo y racional, pero si esto pasa será porque está en el interés de periodo largo del sistema el resolver estos problemas. Pero NO le interesa el preservar la libertad o la autonomía de pequeños grupos. Por el contrario, le importa tener bajo control el comportamiento humano en la extensión más amplia posible. Una nota: al sistema le corresponde permitir en algunas competencias un cierto grado de libertad prescrito. Por ejemplo, la libertad económica (con convenientes limitaciones y prohibiciones) se ha demostrado efectiva en la promoción del crecimiento económico. Pero sólo la libertad planeada, circunscrita y limitada interesa al sistema. La persona tiene que ser mantenida con una correa, incluso si la correa es algunas veces larga. Así, mientras consideraciones prácticas pueden forzarle a la larga a tomar una aproximación racional y prudente ante los problemas ambientales, iguales consideraciones prácticas le forzarán a regular el comportamiento humano cada vez más de cerca (probablemente por medio de medios indirectos que disfrazarán el avance sobre la libertad). Esto no es simplemente nuestra opinión. Eminentes científicos sociales (por ejemplo James Q. Wilson) han enfatizado la importancia de «socializar» a la gente con más efectividad.

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